Frena la Curva: “Otras realidades son posibles si hay una comunidad para construirlas”

Marianna es miembro del grupo motor de Frena la Curva, una plataforma de innovación ciudadana que aporta respuestas, soluciones y apoyo comunitario en estos tiempos tan inciertos y difíciles. 
Frena la Curva es una experiencia única de creatividad, ciudadana, resiliencia cívica y solidaridad vecinal. En los tiempos que corren, la innovación ciudadana es imprescindible a la hora de generar la base social y las transformaciones necesarias para la resistencia colectiva. Es por ello que decidimos hacerle una entrevista para conocer más de cerca esta iniciativa social solidaria. 

¿Podéis describir en un par de frases los objetivos de vuestro proyecto para las personas que no los conozcan?

Frena la Curva es una experiencia única de innovación y resiliencia cívica en tiempos de pandemia que canaliza los valores de solidaridad y de activismo positivo hacia las necesidades de la ciudadanía en un ejercicio que diluye fronteras.

¿Cómo surgió la idea?

Durante el fin de semana del 12 de marzo y ante el cierre de los colegios, un grupo de personas pensaron en cómo canalizar las necesidades que se podrían presentar durante el confinamiento. La iniciativa coge impulso a través del Laboratorio de Gobierno Abierto del Gobierno de Aragón, capitaneados por Raúl Oliván, (Director General de Participación Ciudadana, Transparencia, Cooperación y Voluntariado del Gobierno de Aragón) quien fue el responsable de tejer una red de alianzas con empresas, organizaciones, activistas, hackers y otros profesionales varios para trabajar de forma abierta y coordinada dando respuestas a esa ola de solidaridad ciudadana.

La realidad superó a todas las previsiones pues surgió una avalancha de necesidades e iniciativas ciudadanas. Primero se creó una plataforma que serviría de repositorio para dar a conocer esas iniciativas y poner rostros a esos lazos que se empezaban a tejer. En una segunda fase, se consideró indispensable crear un mapa y de ahí nace Frena la Curva Maps que geolocaliza las necesidades articulando respuestas con el territorio.

Frena la Curva mutualiza infraestructuras y herramientas, las desarrolla y emplea de forma colectiva. ¿Qué influencia tiene la filosofía del procomún en vuestra iniciativa? ¿De qué otras maneras generáis procomún?
 

Creo que hay que plantear de base que el “procomún” es un modelo de gobernanza cuyo fin último es generar “bien común”, que traducido en términos sencillos no es otra cosa que entender cómo los sistemas sociales, entidades e instituciones funcionan, de manera que beneficien a todas las personas. En este sentido, Frena la Curva, además de ser una experiencia de gobernanza, se basa en la tecnología cívica, es decir, pone la tecnología al servicio de las necesidades de la ciudadanía. Así, genera “procomún” a través de una plataforma open source, que no sólo está al alcance de todas las personas, sino que además sirve para ampliar el ratio de replicabilidad de esta iniciativa. Frena la Curva se ha replicado en más de 15 países sirviendo de testimonio de lo que acontece en sus contextos y visibilizando las necesidades en el marco del COVID-19, mostrando las costuras de una crisis humanitaria que es imperativo localizar y atender. 

“Además de ser una experiencia de gobernanza, Frena la Curva se basa en la tecnología cívica, es decir, pone la tecnología al servicio de las necesidades de la ciudadanía”

Por otro lado, el modelo de Frena la Curva se cimenta sobre lazos de confianza, creando redes de colaboración de forma distribuida y generando una comunidad de acción, bajo un marco ético y transparente. La prioridad es el destinatario/a final, esa chincheta de colores que representa o bien a un intermediario/a que ayuda a cubrir la necesidad de una persona conocida o no; o bien a alguien que solicita ayuda para cubrir una necesidad propia; o a alguien que ofrece a la comunidad una serie de servicios. Por lo tanto, Frena la Curva es una comunidad que trabaja por canalizar la resiliencia cívica bajo un modelo de innovación abierta, poniendo a las personas en el centro de los procesos. Crea alianzas y sinergias a través de un modelo de gobernanza global que genera valor y nuevas narrativas en torno al activismo digital de la ciudadanía y que, sobre todo, construye una comunidad de aprendizaje y acción colectiva que genera bien común, sumando voluntades de forma interactiva y recuperando el valor del trabajo colaborativo.

¿Cuál consideráis que es el rol de los cuidados en época de distanciamiento social y cómo podemos suministrar cuidados en las nuevas circunstancias?

Lo más importante es ser responsables con las medidas de seguridad tanto en el uso de mascarillas como en la distancia social. Debemos ser conscientes de cuidarnos y cuidar a los demás. La pelota está ahora en nuestro tejado, no podemos subcontratar nuestra responsabilidad. Debemos contribuir a no volver al principio, porque no podemos ni debemos olvidar el proceso por el que hemos pasado ni olvidar a las personas que no están con nosotros físicamente a causa de la COVID-19. No podemos tener una memoria a corto plazo e ignorar las huellas que la epidemia nos ha dejado. Una situación de emergencia como la actual supone un reto para la ciudadanía y los cuidados en su sentido amplio son más necesarios que nunca. Considero que los cuidados deben centrarse en generar bienestar social desde todas las esferas de vida: la salud, la seguridad económica, seguridad sanitaria, seguridad laboral, y muchas otras, para gestionar los niveles de ansiedad, depresión, sobrecarga de trabajo o enfermedades físicas. Hay un marco de responsabilidad de autocuidados por parte de la ciudadanía pero también es un factor a revisar. Necesitamos crear un marco de reformas en las políticas y normas sociales. El trabajo de cuidados debe formar parte integral de una recuperación de la crisis del coronavirus basada en cuidar a los que nos cuidan de forma justa y equitativa.


¿En qué países existe esta plataforma? ¿Hasta dónde llega la conectividad con otros lugares?

Hasta el momento, Frena la Curva está operativa en 15 países más: Colombia, Venezuela, México, Costa Rica, Ecuador, Brasil, Uruguay, Perú, Chile, Bolivia, Honduras, Francia, Alemania, Portugal y Polonia. No podemos ignorar la problemática de la brecha digital, tema que nos afecta tanto en España como en países de Iberoamérica, África, Indonesia (donde la falta de infraestructuras de conexión tecnológica se convierte en un importante factor de exclusión)… etc. La COVID-19 nos posiciona ante un panorama preocupante, ya que a medida que la duración de la crisis se extienda y las pandemias de este tipo se hagan más comunes, algunos países quedarán rezagados. La implementación de soluciones digitales de atención de la salud para detectar la COVID-19 puede salvar vidas, y también será importante para proteger a los países contra futuras pandemias, pues la curva es más rápida en según qué continentes. Por eso creo que es importante pensar en la conectividad como una política pública que garantice el acceso a todas las personas y pueda combatir los niveles de exclusión, facilitando también procesos de alfabetización digital.

Frena la Curva Maps es una herramienta impresionante, especialmente innovadora y de gran utilidad, ¿cómo han variado las necesidades desde que empezó hasta ahora? ¿Qué conclusiones habéis sacado sobre los distintos perfiles de ciudadanía?  

Me alegro mucho que me hagáis esta pregunta porque no habíamos tenido muchas ocasiones de hablar sobre el mapa de Frena la Curva. Las necesidades del mapa han ido evolucionando según avanzaba la pandemia. En un inicio, abundaban las peticiones de material médico (mascarillas, respiradores, batas) que se multiplicaron ante las dificultades de homologación del material sanitario. Entonces la ciudadanía se puso manos a la obra y empezó a fabricar mascarillas para el personal que estaba en primera línea y cualquier otra persona que las necesitara. El objetivo era cuidar a quienes nos estaban cuidando, pero también cuidarnos entre nosotros/as como población. Destaco todo el aporte de la comunidad maker, que a través de la impresión 3D, emplearon su conocimiento y herramientas  para contribuir a la emergencia sanitaria. También cabe destacar las adaptaciones de las mascarillas para el colectivo de personas sordas, que permitían el lenguaje labio-facial, (facilitando su comunicación a la vez que se les protegía de contagios), así como todas las adaptaciones de mascarillas que ya existían (para fines deportivos) para proteger al personal sanitario. 

“La implementación de soluciones digitales de atención de la salud para detectar la COVID-19 puede salvar vidas, y también será importante para proteger a los países contra futuras pandemias”

El mapa también mostró una cara oculta de la realidad sanitaria, que precisaba urgentemente de mascarillas y gel hidroalcohólico. En general, el mapa deja al descubierto una serie de situaciones que es preciso atender de forma sistemática para garantizar el bienestar de la ciudadanía en todas las áreas sociales. Tal y como decía Alfred Korzybski: “el mapa no es el territorio”. El mapa es una representación pero también una construcción de las relaciones que establecemos con el territorio, y en este ejercicio de periodismo ciudadano contamos lo que subyace al mapa: las relaciones de apoyo, la madeja que se teje entre vecinos y vecinas, las sensaciones y emociones que se manifiestan ante un escenario de emergencia…  Eso es lo que le da sentido y significado al mapa, visibiliza su humanidad y ofrece una herramienta útil al ser capaz de incidir directamente en la realidad.

Me gustaría destacar también el papel de las ONGs, el funcionariado voluntario y todas las entidades y organizaciones que han formado parte de Frena la Curva Maps y agradecer a todas las personas que confiaron en que Frena la Curva era la vía más adecuada para canalizar y dar respuestas a las necesidades.

¿Cuáles son algunas de las iniciativas que han surgido a raíz de todo esto? ¿Cómo ha respondido la comunidad?

Voy a comentar brevemente las iniciativas ya que hay más de diez mil.

En cuanto a cultura, proliferaron los conciertos online. El teatro y el baile también sucumbieron al campo virtual con la creación de salas para fomentar distintos tipos de género. Los museos diseñaron recorridos para promover el contacto con el arte; librerías y bibliotecas compartieron ejemplares en formato virtual al alcance de todas las personas; otras iniciativas open ofrecieron películas, pantallas en las calles, e incluso algunas comunidades en fase de desescalada pusieron en valor el autocine.

En el campo de la educación, cantidades ingentes de profesionales y estudiantado de todo tipo se ofrecieron a reforzar los conocimientos de niños y niñas que se encontraban confinados/as y en situación excepcional durante la pandemia, compartiendo recursos de e-learning. Surgieron muchísimas iniciativas que permitieron atender estas necesidades. Por comentar una, Adopta un maestro es un movimiento educativo viral que surge en Valencia, donde más de 300 maestros de diversos lugares de España, ofrecieron actividades diarias a familias y a los niños/as con procesos de enseñanza-aprendizaje con metodologías lúdicas. Esta iniciativa también se aplicó en el ámbito universitario sumando docentes en muchas comunidades del país.

En el ámbito de los cuidados, aparte del aporte de la comunidad maker, se desarrollaron actividades físicas y de alimentación. Se organizaron consultas medicas online, para evitar desplazamientos a los centros sanitarios. También surgieron iniciativas de voluntariado de traducción para ayudar a inmigrantes con sintomatología COVID-19 en situación de confinamiento a obtener asistencia sanitaria. Asimismo brotaron iniciativas de apoyo psicológico telefónico para acompañar y reforzar el componente emocional, o peticiones de cartas por correo electrónico para aminorar la soledad de los pacientes. Iniciativas de comercios que llevaban comida a los sanitarios, gente que se ofrecía a llevar medicamentos, donaciones de dispositivos para facilitar la comunicación entre pacientes y sus familiares, etc.

El papel de la ciudadanía ha brillado especialmente en la creación de redes de apoyo e iniciativas ciudadanas locales para cubrir necesidades en los barrios. En otras palabras, vecinos/as que cuidan vecinos/as. Iniciativas que van desde compartir redes hasta repartir alimentos entre familias en situaciones vulnerables Desde el principio hubo muchos voluntarios/as dispuestos/as a comprar alimentos y medicinas. Comercios locales pusieron sus servicios a domicilio para facilitar el confinamiento y evitar desplazamientos innecesarios. Este tipo de iniciativas ha permitido valorar la importancia de crear comunidad dando sentido y valor a las relaciones que establecemos con quienes compartimos vecindad. En definitiva, los vecinos y vecinas se han puesto de acuerdo en cosas que quizás antes ni siquiera se hubieran planteado.

“Este tipo de iniciativas ha permitido valorar la importancia de crear comunidad dando sentido y valor a las relaciones que establecemos con quienes compartimos vecindad”

Una vez pasó la parte más dura de la pandemia y conforme nos acercábamos a la “desescalada”, las necesidades del mapa empezaron a variar, mostrando la cara B de la pandemia, que es la crisis humanitaria. Comenzamos a vislumbrar las secuelas de una pandemia que fractura todas las áreas de la vida cotidiana y que puede resumirse en: Personas sin techo que buscan un lugar para dormir y recursos alimentarios; familias monoparentales que se han quedado sin empleo durante la pandemia y con recursos económicos limitados para poder vestir y alimentar a sus hijos, manifestaciones emocionales de desesperación y  problemas de abastecimiento de los bancos de alimentos. Surgieron iniciativas de entidades y asociaciones de barrio y chefs que repartían alimentos y menús de forma solidaria, gente que donaba comida, redes de información sobre servicios de reparto de alimentos a familias en situación de vulnerabilidad. Sin duda alguna, el hambre es la otra pandemia que ha sido difícil de percibir a través de los cristales y las ventanas de hogares y que al fin se ha visibilizado a través de las peticiones ciudadanas.


En el festival habláis sobre la brecha que se ha creado entre las personas que tienen acceso a internet y las que no. ¿Habéis llegado a zonas en las que hay menos recursos e información? (es decir, a zonas donde no hay internet, o donde se desconoce esta iniciativa, tutoriales, etc…)

Frena la Curva ha desarrollado “Libros que Unen”, un proyecto precioso que nace para dar respuesta a la brecha digital. Es un programa de aprendizaje donde ya se han editado y entregado 11.800 ejemplares a niños y niñas a domicilio en Aragón. Está destinado a escolares que reciben beca escolar y con conectividad limitada, con edades comprendidas entre 6 y 12 años y aplicando el método de tertulias literarias. A fecha de hoy hay 852 escolares inscritos en el programa de tertulias literarias dialógicas y 84 personas voluntarias. Cada persona voluntaria se ha organizado para guiar las tertulias dialógicas con 4-8 alumnos.

Aunque no forma parte de la brecha digital, sino de la brecha del olvido, me gustaría mencionar el proyecto “Somos Memoria”, una plataforma que digitaliza el saber de nuestros mayores para salvaguardar su memoria. A través de un álbum de saberes, podemos leer y aprender sobre la vida de nuestros mayores (experiencias de guerra, el cultivo de la tierra…). También puedes aportar tus experiencias en forma de anécdotas, historias de vida, recetas de cocina, reflexiones, consejos o recuerdos inolvidables. Es una biblioteca de saberes que pone en valor la sabiduría de vida.

En el escenario post pandémico estamos conviviendo con muchas brechas y desafíos comunes: la brecha digital (que abre el debate entre quienes son dueños de las tecnologías y quiénes no pueden acceder a ella), el aumento de la brecha de desigualdad, económica e incluso laboral (en el caso de aquellos para los que el teletrabajo probablemente no sea siquiera una opción), la brecha urbana que supone el uso del transporte público y el miedo al contagio… muchas brechas con las que lidiar entre sociedades que deben decidir si avanzar o sabotear esa posibilidad.


¿Qué es lo que más os ha sorprendido de llevar a cabo este proyecto?

Frena la Curva está repleta de corazones solidarios, almas comprometidas y valores éticos de muy buena gente. Detrás de esta iniciativa sólo hay buenas personas cuyo objetivo es estar siempre al servicio de quienes nos han necesitado o comunicado una preocupación o una situación a la que había que dar respuesta. Somos una comunidad que ha caminado de la mano y que se ha hecho más fuerte con el tiempo. Hemos aprendido generando acción. También nos hemos cuidado y querido porque a pesar del mosaico de tristeza en el que nos hemos sumido, también ha habido sonrisas y alegrías que derivan indudablemente del sentimiento, confianza y esperanza revolucionarios de construir otros mundos posibles. 

“Somos una comunidad que ha caminado de la mano y que se ha hecho más fuerte con el tiempo. Hemos aprendido generando acción”

Otro hecho sorprendente ha sido la cantidad de personas (más de 300) que hemos podido trabajar como una comunidad articulada con líneas de acción compartidas y desde la ciudadanía, la cantidad de energía social que se ha movido en este país para visibilizar las necesidades de las personas. Hemos aprendido a “movernos” de otra manera y con otros alcances en el escenario virtual. Hemos sido capaces de participar desde el activismo digital al servicio de las personas. Nos hemos solidarizado y conectado con la parte más humana de la pandemia. Nos hemos puesto en las “tripas” de quien ha vivido determinadas situaciones porque cada uno de los que formamos parte de Frena la Curva tenemos también una experiencia que contar. Hemos sido arte y parte de un proceso que nos ha dejado, entre otros aprendizajes, la importancia de que nos necesitamos los unos a los otros.

Frena la Curva ha sido sobre todo una experiencia que nos ha transformado a todos/as los que hemos formado parte de ella y nos ha permitido comprender por qué ninguna solución a esta situación nos deja tranquilos. Pero también somos conscientes que cualquier propuesta merece consideración. Y lo cierto es que tendremos que lidiar con más dilemas porque el coronavirus no es un hecho, es un acontecimiento que nos llevará a tomar decisiones relevantes antes de lo que pensábamos.


La crisis de la COVID ha servido de catalizador para cooperaciones que eran muy necesarias y que esperamos hayan llegado para quedarse. ¿Cuál es el papel de la innovación ciudadana en el mundo post-pandemia? ¿Qué planes tiene el proyecto más allá de la COVID-19?

En efecto, yo diría que Frena La Curva es una experiencia de innovación abierta que ha sido capaz de conectar lo público y lo privado con la ciudadanía. O si lo contemplamos desde el enfoque de las cuatro hélices, ha conectado la parte pública, la privada, la de la academia y la sociedad civil. La innovación ciudadana debe crear culturas extensas y abiertas que potencien la horizontalidad de los procesos, poniendo a las personas en el centro, gestionando los recursos comunes y trabajando por el bien común. Es esencial fomentar y potenciar las redes abiertas, tomar en cuenta los espacios y sistemas de innovación a través de procesos de co-creación como motor de generación de inteligencia colectiva y nuevos conocimientos. Yo diría que la innovación post-covid será el paradigma del “CO”: confianza, conciencia, colaboración, cooperación, co-creación y co-diseño.

“La innovación ciudadana debe crear culturas extensas y abiertas que potencien la horizontalidad de los procesos, poniendo a las personas en el centro, gestionando los recursos comunes y trabajando por el bien común”

Frena la Curva da continuidad a proyectos que se plantearon en “Desafíos Comunes” a través de áreas de trabajo sobre diversos temas: cuidados, ámbito rural, soledad de personas mayores, transición energética, salud mental…

Seguiremos trabajando en proyectos (que aún se encuentran en fase de gestación) para dar respuestas a distintas manifestaciones de la realidad.

Por último, ¿qué perspectivas tenéis sobre la vuelta a la normalidad y la definición de “la nueva normalidad”?

Yo creo que hablar de “nueva normalidad” es hablar de preguntas y respuestas; o más bien, de preguntas sin respuestas; o de preguntas sin las respuestas que esperamos. Simplemente, la COVID-19 ha roto los modelos que pensábamos inalterables. Yo creo que el primer ejercicio consistirá en definir a qué llamamos “nueva normalidad”, porque realmente nos va a permitir adoptar, por ejemplo, medidas de seguridad sanitaria responsables, pensando en todas las personas que han fallecido, pensando en que al alterar una medida perjudicamos al “otro” y a “nosotros”; pensando en que realmente vamos a apostar de una vez por todas por un modelo sostenible en todos los ámbitos. Sólo así seremos capaces de abrazarnos en la diversidad a través de la mezcla de seres y saberes. Si somos capaces de generar nuevos modelos laborales teniendo en cuenta la igualdad y la conciliación como formas de equidad; si somos capaces de humanizar las tecnologías y ponerlas al servicio de la ciudadanía, si somos capaces de convertir la conectividad en una política pública para acabar con las brechas y facilitar la alfabetización digital para que nadie quede atrás; si somos capaces de valorar la sabiduría de nuestros mayores; cuando seamos capaces de apostar por el “otro” sin competir porque vamos a sumar; cuando seamos capaces de crear comunidades más amables, cercanas y humanas, poniendo en las calles a los que no están; cuando seamos capaces de poner la innovación ciudadana en la agenda pública, entonces podremos crear un valor social y humano en el que el odio y el racismo no tengan cabida. 

No sé si es una quimera o una utopía o simplemente un “checklist” que me marca ciertas pautas de futuro posible y deseable. Tenemos otros virus con los que lidiar como la intolerancia, el odio y el racismo y es preciso recordarle a la gente que otras realidades son posibles cuando existe una comunidad con voluntad para construirlas. Mi preocupación ante esa “nueva normalidad” se puede resumir con las palabras de Dipali Mukhopadhyay: “Al asumir que no tenemos idea de cómo va a ser el mañana y al recordar, a la vez, que el ayer fue terrible, el ser humano tiende a concentrarse en el presente, a vivir el momento hoy y ahora”. Quizás sea el momento de hacer nuevas preguntas…


Para saber más sobre Frena la Curva: https://frenalacurva.net/

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