Del cooperativismo de plataforma al cooperativismo abierto

Ann Marie Utratel Stacco Troncoso

 Traducido por Georgina Reparado, editado por Susa Oñate

Es muy posible que durante los últimos años te hayas encontrado con artículos sobre los defectos y las deficiencias de lo que se suele llamar “economía colaborativa”. Las críticas apuntan al uso engañoso del término “colaborativo” y a cómo los usuarios quedan excluidos de la posibilidad de ser socios o propietarios de las plataformas intermediarias. Gran parte de los ataques públicos respecto a este y otros aspectos están dirigidos a plataformas online de repercusión masiva como Airbnb y Uber, y con razón.

En esta discusión, cobran importancia dos movimientos cooperativos: el cooperativismo de plataforma y el cooperativismo abierto. Es probable que uno de los dos sea más visible que el otro actualmente, pero tienen mucho en común. Estos movimientos hermanan la potencia de las redes digitales con la fértil historia del movimiento cooperativo. ¿En qué puntos convergen estos enfoques? ¿Son redundantes, complementarios o se excluyen entre sí? ¿Qué problemas intentan resolver y cuál es el resultado que buscan? En este artículo explicamos sus orígenes y características; también pensamos de qué manera pueden aunarse los planes de acción de estos dos movimientos y trabajar juntos para ayudarnos a crear formas resilientes de ganarse la vida en esta, nuestra era de las redes.

 

El cooperativismo de plataforma y el P2P contra la “economía colaborativa”

La economía colaborativa generó un gran entusiasmo inicial por su naturaleza P2P (de persona a persona, entre pares, entre iguales), pero bastó poco tiempo para que su promesa de disrupción accionada por la gente se desmoronara y revelara ser otra forma más del mismo capitalismo puro y duro, solo que más rápida y menos regulada. Mike Bulajewsky lo explica mejor en su artículo “El culto a lo colaborativo” (2014):

“Gran parte de lo que se considera colaborativo resulta ser nada más y nada menos que transacciones económicas ordinarias entre individuos concertadas por plataformas digitales propiedad de compañías financiadas por capital riesgo que actúan como intermediarios, lo que les permite llevarse un porcentaje de la porción”.

Si lo miramos desde el ángulo correcto, esta “economía colaborativa” y sus plataformas digitales bien podrían funcionar, para bien o para mal, como un caballo de Troya. ¿El lado malo? Más desregulación y más precariedad. Pero el lado bueno puede lograr que la conversación no solo se ocupe de cómo la gente comparte bienes y servicios sino que también aborde la arquitectura de la economía en la que estas relaciones tienen lugar. En realidad, tendríamos que preguntarnos: “¿Qué tipo de economía queremos?”. Y en tal caso, ¿cuán viables son las propuestas para restituir el equilibrio que se están discutiendo online y en conferencias? ¿Cuál es el nivel de interés de las personas en formar parte, cooperar o asumir responsabilidades?, ¿cómo se vería eso? Ante ustedes, la siguiente fase en modelos cooperativos: el cooperativismo de plataforma y el cooperativismo abierto.

Empecemos con un poco de historia. En los años previos a la aparición de estas plataformas digitales “colaborativas”, algo más se estaba cocinando: varias comunidades online experimentaban con diferentes formas de intercambio, colaboración y producción. El término “Producción entre pares basada en el procomún”, acuñado por el académico en el ámbito jurídico Yochai Benkler, describe una nueva forma de crear y distribuir valor.

Las infraestructuras P2P basadas en internet le permiten a los individuos comunicarse, autoorganizarse y cocrear valor práctico y cuantioso en forma de comunes digitales como conocimiento, software y diseño. Los ejemplos más conocidos incluyen a la enciclopedia libre Wikipedia, proyectos libres y de código abierto como Linux, el servidor HTTP Apache, Mozilla Firefox y WordPress y comunidades de diseño abierto como Wikihouse, RepRap y Farm Hack.

En la producción entre pares basada en los comunes, las comunidades productivas crean procomún. La llamada economía colaborativa facilita procesos controlados, en última instancia, por los dueños de las plataformas. Estos extraen valor en forma de rentas o tarifas de las interacciones P2P que ocurren en la interfaz del usuario. Resumiendo, las interacciones P2P se dan solo a nivel interfaz. Esto ya debería estar claro: el concepto de colaboración en este caso es una fachada, una estrategia de marketing.

En la producción entre pares basada en los comunes, las comunidades productivas crean procomún. La llamada economía colaborativa facilita procesos controlados, en última instancia, por los dueños de las plataformas. Estos extraen valor en forma de rentas o tarifas de las interacciones P2P que ocurren en la interfaz del usuario.

No suena bien, ¿verdad? Pues además oscurece antes de empezar a aclarar. Las plataformas extractivas han cooptado el imaginario y el léxico del procomún y el P2P. Varias palabras y conceptos (además del término “colaborativo”) se han utilizado de forma generalizada y falsa, por ejemplo: comunidad, interacción entre pares, y el acceso por encima de la propiedad, entre otros. La mal llamada economía colaborativa, impulsada por inversores ausentes o grupos de accionistas, vista de cerca, nos muestra un consorcio desregulador que amenaza los logros conseguidos con esfuerzo por el movimiento obrero a lo largo de más de un siglo. Su actitud es antidemocrática y aislacionista con respecto a los verdaderos creadores de valor de las plataformas: los productores y consumidores que interactúan por medio de sus peajes digitales. Esto amenaza con incrementar la omnipresencia del precariado, una nueva clase social y laboral de desfavorecidos. Pero la contraofensiva de la normalización de la “economía del bolo” (gig economy) promovida por Silicon Valey ha reaccionado, especialmente con el movimiento del cooperativismo de plataforma.

A fines del 2014, el cooperativismo de plataforma hizo sus primeras apariciones en dos artículos: Platform Cooperativism vs. the Sharing Economy [El cooperativismo de plataforma frente a la economía colaborativa] de Trebor Scholz y Owning is the New Sharing [Poseer es el nuevo compartir] de Nathan Schneider. El movimiento busca democratizar la propiedad y la gobernanza en las plataformas que intervienen cada vez más en nuestras vidas, pero su perspectiva no se limita a la “economía colaborativa”, sino que ha cuestionado los modelos de propiedad extractivos de plataformas como Twitter. La fórmula es simple: combinar la eficiencia y los bajos costes de transacción de las plataformas digitales con la propiedad horizontal y el control democrático que caracteriza a las cooperativas controladas por sus trabajadores.

Desde entonces, el cooperativismo de plataforma ha tenido un éxito enorme. Se han celebrado dos conferencias internacionales de gran importancia y el número y la variedad de extraordinarias cooperativas de plataforma va en aumento. Algunos ejemplos son Stocksy, una comunidad de fotografía de archivo propiedad de los artistas; FairMondo, un mercado online con lineamientos éticos y Loconomics, una plataforma democrática en la que los trabajadores autónomos ofrecen sus servicios.

El movimiento también ha realizado varias publicaciones importantes, principalmente su antología “Ours to Hack and to Own: The rise of platform cooperativism, a new vision for the future of work and a fairer Internet” [Nuestras para hackearlas y poseerlas: el surgimiento de plataformas cooperativistas, una nueva visión sobre el futuro del trabajo y para una internet más justa], editada por Schneider y Scholz. Otros textos relevantes son: “Platform Cooperativism: Challenging the corporate sharing economy” [Cooperativismo de plataforma: un desafío a la economía colaborativa corporativa], un texto introductorio realizado después de la primera conferencia de Trebor Scholz, y el más reciente “Uberworked and Underpaid: How Workers Are Disrupting the Digital Economy” [Uberexplotados1 y subremunerados: de cómo los trabajadores están trastocando la economía digital].

El movimiento también cuenta con destacados recursos online, como el directorio “Internet of Ownership” [Internet de la propiedad] que cataloga las cooperativas de plataforma activas, además de su sitio web introductorio especializado. Luego de la segunda conferencia en Nueva York, se anunció el Consorcio de cooperativas de plataforma, que se encuentra actualmente en fase de desarrollo.

Los orígenes del cooperativismo abierto

El cooperativismo abierto y el de plataforma se superponen en algunos aspectos, pero tienen diferencias notorias. El cooperativismo abierto, además de proponer alternativas para los trabajadores de la economía de los bolos, se basa en cooperativas tradicionales y en el movimiento del P2P/procomún.

Desde comienzos de 2014, varios precedentes vigentes del cooperativismo abierto confluyeron en propuestas reconocibles. La cuestión era investigar sobre una posible convergencia del procomún y la producción entre pares basada en los comunes con el movimiento cooperativista. Algunos de los trabajos inciales fueron el artículo de Josef Davis Coates, “Open Co-ops: Inspiration, Legal Structures & Tools” (Cooperativas abiertas: inspiración, estructuras legales y herramientas), la convocatoria de Michael Bauwens a un cooperativismo abierto y una jornada de análisis de 3 días organizada por el Commons Strategies Group (este es el informe de David Bollier y Pat Conaty al respecto).

Además de las críticas a la “economía colaborativa” en clave Silicon Valley, el cooperativismo abierto cuestiona el predominio del capital en la economía del software libre y de código abierto; sugiere también soluciones potenciadas por el P2P para disminuir los costos de las transacciones propias de la producción de cooperativas en red. Como corolario de los problemas relacionados con la propiedad democrática que surgen con el cooperativismo de plataforma, el cooperativismo abierto propone una pregunta directa: “¿Qué queremos producir?”

Pregunta que ataca varios flancos, con la comunidad del procomún y el P2P de un lado, el movimiento cooperativista en otro y la economía solidaria y social en otro. En lugar de centrarse en su eje digital, el cooperativismo abierto explora la forma en que los datos abiertos, la gestión ecológica y la producción activa de comunes podrían expandirse y revivir tradiciones cooperativas más arraigadas, e incluso reivindica la idea de una commonwealth (o mancomunidad) cooperativa. El cooperativismo abierto plantea que tener un mejor Uber o un AirBnB más democrático no es suficiente: tenemos que enfrentar la cuestión de la vivienda y el transporte de forma directa. Los problemas subyacentes a nuestras economías disfuncionales y destructivas no se pueden ignorar.

¿Qué son las pautas del cooperativismo abierto?

Los objetivos del cooperativismo abierto se pueden resumir en cuatro recomendaciones o pautas que no intentan ser prescriptivas. La finalidad no es llegar a ser el mejor “cooperador abierto”. Cada cooperativa y grupo de comuneros tendrá que analizar sus propias condiciones materiales y sus prioridades para decidir qué directrices usar.

1. Las cooperativas abiertas tienen que estar regidas por un estatuto interno orientado el bien común

La producción en las cooperativas abiertas está determinada por el valor social y ambiental. En la economía actual, los derechos sociales y la protección ambiental se consideran externalidades (costo o problema que se le atribuye a un otro) y se supone que la responsabilidad de su regulación recae sobre un Estado cada vez más ausente. En una cooperativa abierta, estos factores no se externalizan. Por el contrario, se integran en la matriz operativa legal para asegurar su transparencia y su adhesión a las prácticas de una economía generativa. Estos principios responsables pueden ser el motivo mismo por el que fundar una cooperativa abierta, e incluso hasta una razón de orgullo para sus miembros. Los estatutos orientados al bien común pueden ir más allá de los siete principios cooperativos, se pueden actualizar para la era digital, y ayudar a contrarrestar tendencias problemáticas que puedan surgir en determinadas cooperativas.

2. Las cooperativas deben tener múltiples copartícipes

El nuevo cooperativismo ético, sostenible y de código abierto permite que su compromiso permee la democracia económica y social más allá de la estructura misma de la cooperativa. Del mismo modo que en un ecosistema, los elementos de una economía no funcionan aislados. El cooperativismo abierto busca otorgar derechos a todos los participantes de la cadena de valor económico, no solo a los cooperativistas. Esto incluye el trabajo afectivo y reproductivo, la creación de comunes y otras formas de trabajo actualmente “invisibilizado”. El proceso de incorporación de derechos puede darse de forma material, con respaldo e incentivos, y con el empoderamiento que conlleva la toma de decisiones, creando espacios para dar voz una mayor cantidad de partícipes. Las cooperativas abiertas prosperan con gran diversidad de miembros, al igual que los sistemas de comunes y los contributivos.

Otros ejemplos de esta perspectiva más inclusiva son Fairshares Model, la red Enspiral y las cooperativas de servicios sociales de Japón, Quebec y Emilia Romagna.

3. Las cooperativas abiertas deben co-producir activamente la creación de bienes comunes materiales e inmateriales

Las cooperativas abiertas no toman cosas unilateralmente del procomún: el intercambio es recíproco, generando así nuevos bienes comunes que pueden ser inmateriales y/o materiales y pueden fomentar la acumulación cooperativa (no la capitalista) utilizando licencias de reciprocidad. Los comunes inmateriales se refieren al código y al diseño, pero sobre todo al conocimiento productivo y socialmente beneficioso. Estos son los bienes que no deben privatizarse con el fin de generar escasez artificial o maximizar las ganancias.

Las cooperativas abiertas pueden desarrollar y mantener infraestructuras materiales productivas mediante la fabricación distribuida y también sociabilizar espacios para compartir el tiempo de trabajo, organizar retiros y brindarse apoyo mutuo. A diferencia de los diseños de código cerrado de las empresas con ánimo de lucro con su comercialización desenfrenada y su obsolescencia programada, la fabricación orientada al procomún está enfocada en la modularidad, la durabilidad y la personalización, y en el uso eficiente de los recursos (por ej., de los datos compartidos o de las instalaciones industriales). Esa es la receta para generar la verdadera economía colaborativa: fabricación orientada al procomún, copropiedad y gobernanza compartida.

4. Las cooperativas abiertas necesitan una organización político social de escala mundial, aunque la producción sea local

Las cooperativas abiertas tratan de diseñar a nivel global y fabricar a nivel local, generando a partir de ello economías locales resilientes en términos de de alcance, no de escala. Esta economía del cara a cara y la creación de redes locales metaeconómicas deben poder amplificarse a un nivel global. Los desafíos que enfrentamos son de carácter internacional y suelen ser responsabilidad de corporaciones trasnacionales que subyugan economías enteras a sus necesidades depredadoras. En contraposición a la opacidad de los negocios capitalistas multinacionales “verdes”, las cooperativas abiertas son completamente transparentes en cuanto a producción. Esto les permite coordinar recíprocamente la producción para lograr un nivel de adaptabilidad máximo basado en las condiciones del mundo real. De ahí que el resultado sea una producción en red que satisface necesidades reales, no exigencias del capital.

La economía del P2P y del procomún necesita crear contrahegemonía y un contrapoder real para desafiar lo que podría ser el destino fatal de la humanidad. Imaginen un movimiento que aproveche el poder de los más de mil millones de cooperativistas en todo el mundo, aunado a las capacidades productivas de la producción entre pares orientada al procomún.

Estos cuatro patrones son emblemas distintivos del cooperativismo abierto, ¿pero dónde están las cooperativas abiertas en funcionamiento? Aunque puede que no se describan como tales (y, en algunos casos, sus estructuras legales trascienden incluso la idea de cooperativa), Enspiral, Fairmondo, Sensorica, L’Atelier Paysan y AnyShare encarnan muchas de las características del cooperativismo abierto. Al mismo tiempo, empresas como la Cooperativa Integral Catalana, la Xarxa d’Economía Solidària y la Mutual Aid Network son excelentes ejemplos de redes metaeconómicas en las que la lógica del cooperativismo abierto impregna otros aspectos de economía biorregional y solidaridad entre pares.

Del cooperativismo de plataforma al cooperativismo abierto

Entonces, volvamos a la cuestión del cooperativismo de plataforma frente al abierto. ¿Son complementarios o incompatibles? ¿Estamos ante a una situación del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular?

Dejando de lado las bromas, está claro que no son opuestos ni incompatibles. Independientemente del origen de cada uno o de sus objetivos, son complementarios. Ambas propuestas comparten ideales y preocupaciones éticas para una economía más justa. Si el objetivo compartido es este, entonces el enfoque demandará los sellos distintivos de cualquier sistema resiliente: tácticas diversas, evitar monocultivos y fomentar redundancias positivas. Sus diferencias les confieren, de hecho, una modularidad práctica.

La mejor manera de caracterizar esta capacidad de adaptación es colocar a las cooperativas de plataforma y abiertas en progresión. Para la cuestión inminente (la defensa contra los estragos del neofeudalismo digital de Silicon Valley), reivindicamos el cooperativismo de plataforma. Para la cuestión más amplia de erigir un futuro resiliente, la que respondería a la pregunta “¿Qué economía queremos?”, reivindicamos el cooperativismo abierto. Una táctica empuja hacia adelante, respaldada por una comunidad pujante y en expansión; la otra tira, como un señuelo, hacia una economía más humana.

Pero no se trata de una proposición secuencial al estilo “Primero tomamos Manhattan, después tomamos Berlín”; no. Aunque cada movimiento se concentre en áreas y urgencias diferentes, el orden no debería ser secuencial: es necesario que trabajen en simultáneo. Al igual que la falsa dicotomía entre la política institucional (“¡asaltemos el sistema y hagámoslo más justo!”) y la prefigurativa (“comencemos a vivir como queremos ahora mismo”), las cooperativas abiertas y las de plataforma funcionan mejor juntas y con el conocimiento recíproco de las fortalezas de cada una. De hecho, toda la documentación sobre cooperativas de plataforma se reitera en la de las cooperativas abiertas y viceversa. Los matices que las diferencian radican en sus áreas de incidencia particulares.

¿Por qué necesitamos un cooperativismo abierto?

¿Por qué necesitamos cooperativismo abierto? ¿Por qué es importante en el largo plazo?

No podemos hablar del futuro si no examinamos de cerca el presente. Nuestra coyuntura económica actual tiene dos tendencias marcadas: la financiarización y la desmercantilización. A pesar de que suelen percibirse como contrarios, probablemente son dos caras de la misma moneda.

Algo sabemos sobre la financiarización: es el proceso, vigente hoy día, por el cual las relaciones se convierten en servicios y la naturaleza en mercancías. Fomenta el proceso de los cercamientos y destruye la práctica del procomún. También promueve la escasez artificial y nos obliga a usar nuestras capacidades productivas y nuestra responsabilidad para con la naturaleza en contra de nuestros intereses.
La desmercantilización es producto de la revolución digital y encarna el proceso opuesto: aumenta la cantidad de cosas que no se pueden vender. Pensemos en las películas, la música, la cultura distribuida por medios digitales, las enciclopedias universales, los sistemas operativos, entre otros. A medida que la autosuficiencia se vuelve una necesidad para sobrevivir (más que un estilo de vida elegido), las personas recurren a sus pares para satisfacer sus necesidades. Existen muchísimos ejemplos: la energía solar, las cooperativas de vivienda, el trabajo en red, los sistemas de crédito mutuo, la agricultura con apoyo comunitario, etc. En este proceso, las personas descubren que tienen que relacionarse entre ellas en lugar de confiar en transacciones monetizadas despersonalizadas y responsabilizarse de sus propios entornos económicos. Esta práctica desdibuja gradualmente las nítidas categorías que distinguen a productores de consumidores. Si está bien organizada, puede hacer que los costos disminuyan dramáticamente al tiempo que incrementan la innovación y la creatividad a medida.

No obstante, además de crear monstruos híbridos que intercambian copias digitales de sus usuarios, esta tendencia de base a la desmercantilización dentro de un contexto de alta financiarización puede ser desastrosa para la economía tal como la conocemos. Si sigue aumentando el número de cosas que no pueden venderse y los servicios siguen convirtiéndose en relaciones contabilizables, el trabajo asalariado disminuirá. Si los salarios descienden, el impuesto sobre la renta hará lo mismo. Si asumimos que los impuestos corporativos no aumentarán para compensar esta baja, la primera víctima será el pacto keynesiano que sostiene la democracia social.

Se nos ocurre una buena pregunta: ¿qué tienen en común la tortuga de carey, el rinoceronte de Java y el trabajo asalariado? Todos están en peligro de extinción. Están en lo cierto: no es gracioso. Los dos factores que, como los cazadores furtivos y la invasión de los hábitats, han acabado con el trabajo por cuenta ajena son la financiarización y la desmercantilización. Aquella conduce a la subasta privada de bienes públicos; esta (junto con la provisión de servicios autogestionada, el desempleo tecnológico, la escasez de recursos y los límites ambientales estrictos) disminuye la necesidad del trabajo asalariado y de la creación artificial de demanda. El suelo continúa moviéndose debajo de nosotros; no es prudente asumir que tenemos un paisaje económico estable que nos otorga la libertad de democratizar la propiedad y el trabajo mientras recogemos los beneficios de la revolución digital. Tenemos que ser más habilidosos y aprender a adaptarnos a los cambios.

La mejor manera de caracterizar esta capacidad de adaptación es colocar a las cooperativas de plataforma y abiertas en progresión. Para la cuestión inminente (la defensa contra los estragos del neofeudalismo digital de Silicon Valley), reivindicamos el cooperativismo de plataforma. Para la cuestión más amplia de erigir un futuro resiliente, la que respondería a la pregunta “¿Qué economía queremos?”, reivindicamos el cooperativismo abierto. Una táctica empuja hacia adelante, respaldada por una comunidad pujante y en expansión; la otra tira, como un señuelo, hacia una economía más humana.

La desmercantilización puede resultar desastrosa para la economía actual, ¿pero por qué habríamos de limitarnos a ese terreno de juego? Quizás lo que estamos presenciando es el cambio de un sistema económico basado en la escasez a otro basado en la abundancia. Así lo expresa la economista española Susana Martín Belmonte:

“La abundancia es un nuevo marco económico en el que no se puede mantener la idea de escasez. La cuestión central de la economía solía ser cómo gestionar recursos escasos, pero resulta que esta condición no es un problema a resolver, sino que, para algunos, ha funcionado como el santo grial para enriquecerse monetariamente. Sin embargo, ignora otros tipos de limitaciones como nuestra capacidad para contaminar el aire sin destruir el planeta. El valor económico no existe sin la escasez. Pero la escasez se está muriendo en los niveles más altos de innovación, en el corazón mismo de la revolución digital. Por primera vez, el sistema económico está evolucionando no hacia una mayor productividad ni mayores ventas, sino hacia exactamente lo contrario”. 

¿Cómo podemos adaptar nuestro comportamiento económico para aprovechar esta situación al máximo? Bienvenidos al cooperativismo abierto.

La actividad económica del cooperativismo abierto gira en torno a los comunes. La práctica del procomún disminuye nuestra dependencia del salario, los mercados y el Estado, y ayuda a crear economías más resilientes y sostenibles. Esto no significa que el mercado vaya a desaparecer ni que el Estado se desvanezca. Por el contrario, existen soluciones demostradas dentro del modelo del procomún para configuraciones renovadas, incluso radicales, de los Estados y los mercados.

Enfoquémonos en el bien común, la gobernanza de partícipes múltiples, la producción activa de procomún y una orientación transnacional. Estos patrones definen el cooperativismo abierto, ¿pero cuál es su potencial? Llamémosle el regreso a casa de la economía digital, más alineado con las nociones visionarias de una internet abierta que irrumpieron a comienzos de la década de los noventa, una forma de incentivar una economía colaborativa que merezca ese nombre.

La combinación de la lógica contributiva y la de recursos de fondo común de la producción entre pares basada en el procomún con interfaces mercantiles viables (por ej., cooperativas) puede asegurar la producción y administración continuas de recursos compartidos que necesitaremos para sobrevivir y prosperar cuando el paradigma económico actual haya desaparecido. Esta narrativa retoma las muchas posibilidades presentes en la eficiencia actual del cooperativismo de plataforma y las extiende a la economía política más amplia.

Camino a un cambio más profundo que empodere a la sociedad civil como el actor político y productivo predominante, el cooperativismo abierto abre las puertas a una economía de la abundancia y la suficiencia que funcione para toda la sociedad, para las generaciones futuras y para el planeta. El estar informados sobre este potencial puede fortalecer nuestra creatividad en tanto cooperadores, comuneros y ciudadanos en proceso de democratización continua.

Y ahora, nos gustaría cederle las últimas palabras a Yochai Benkler; palabras tomadas de su discurso de clausura del festival OuiShare de 2016, enmarcado en la creación de alternativas viables, éticamente coherentes, cooperativas y orientadas al procomún:

“Si queréis construir juntos, tenéis que estar atentos a todas estas tensiones y a estas modalidades del fracaso y trabajar para resolverlas juntos en lugar de decir: “Mejoraré esta, mejoraré aquella”. Es un problema de sistemas múltiples, por lo tanto necesitaréis una solución de sistemas múltiples”.

1NdT: “Über” en alemán significa “sobre”.

PPLicense mockup small
Producido por Guerrilla Translation bajo una Licencia de Producción de Pares.


 

Imagen principal por The New York Hall of Science

Artículo original publicado en Commons Transition 

Comparte tus impresiones