Entre copyleft y copyfarleft: Buscando reciprocidad en el procomún

Miguel Said Vieira & Primavera De Filippi

Traducido por Rocío del Amo, editado por Carmen Lozano Bright

Introducción

En las discusiones académicas sobre «cultura libre» abundan los debates en torno a las licencias (ver, a.i., Downes, 2009; Hill, 2005; Lemos, 2010; Netpop Research, 2009; UNESCO OER Community, 2011), pero creemos que la mayoría padece alguno de los siguientes problemas. Primero, se restringen a un enfoque puramente técnico y legal; importante y necesario para mejorarlas pero no es suficiente para abordar el impacto social y las ramificaciones de dichas licencias. Segundo, adoptan un tratamiento dualista y excesivamente antagonista, en especial respecto al debate sobre los usos comerciales. Este debate trata aspectos importantes, pero a menudo lleva a un callejón sin salida (debido a su carácter polarizado) antes de que sea posible profundizar significativamente en el conocimiento que tenemos sobre estos temas y en la coordinación de esfuerzos para mejorar nuestro patrimonio común de conocimientos.

El modelo de licencia copyfarleft es una propuesta concreta relacionada con la controversia sobre los usos comerciales. Sugiere un modo de mejorar las «cláusulas no comerciales». Se puede decir que se hacen más efectivas a la hora de minimizar su impacto social negativo. Por ejemplo, en la explotación del trabajo asalariado en la construcción de patrimonio común. Creemos que se trata de una contribución interesante, sobre todo para evitar los problemas ya mencionados, pero que también tiene inconvenientes potenciales. En este documento de posición se comentarán estas desventajas (así como algunos de sus méritos) y se propondrá un modelo alternativo o complementario que trate de resolver algunos de los escollos.

I: Del copyleft al copyfarleft

Light RLas licencias de cultura libre han tenido como predecesora más importante la licencia GPL (GNU General Public License) aplicada al software libre, que no hace distinción respecto a los usos comerciales o no comerciales. Esta distinción apareció por primera vez en algunas licencias Creative Commons con la introducción de la cláusula no comercial que solo permite el uso sin autorización para una explotación no comercial. Mientras que estas licencias se utilizan ampliamente, ha habido un gran debate respecto a lo que constituye exactamente un uso comercial y si en última instancia la cláusula no comercial beneficia realmente al patrimonio común de conocimientos.

El sistema de licencias copyfarleft propuesto por Dmytri Kleiner (2007) 1 estipula unas restricciones similares a las del modelo copyleft no comercial pero también condiciones adicionales sobre los tipos de uso que están efectivamente permitidos bajo esta licencia. Concretamente, mientras que unas permiten todos los usos no comerciales (sujetos a las restricciones impuestas por la cláusula copyleft), el modelo copyfarleft distingue entre usos comerciales ejecutados por colectivos y cooperativas propiedad de los trabajadores o por cualquier otra institución en la que los beneficios se distribuyan entre todos los trabajadores (equitativamente, se entiende); y los usos ejecutados por entidades o corporaciones comerciales cuyos negocios se basen exclusivamente en la explotación del trabajo asalariado. Mientras que el primer tipo de aprovechamiento comercial se permite generalmente bajo el esquema de licencia copyfarleft (al contrario de lo que normalmente es el caso con las licencias no comerciales), los otros tipos siguen prohibidos, aunque aún se pueden negociar fuera del ámbito de la licencia.

Este sistema de licencias se encuentra, por lo tanto, en algún lugar entre una licencia copyleft estándar (como en las Creative Commons CC-BY-SA) y una licencia copyleft no comercial (como las CC-BY-NC-SA). Esta elección responde a las siguientes razones. Una licencia copyleft estándar permite a entidades corporativas explotar y beneficiarse del trabajo empleado en construir el patrimonio común, sin tener que retribuir nada –algo que Kleiner señala como muy problemático, especialmente fuera del ámbito de la producción de software 2–. Una licencia no comercial excluye incluso a productores que basan su trabajo en el procomún (como muchas empresas propiedad de los trabajadores) de explotar comercialmente una obra (y como argumenta Kleiner, esto puede ser contraproducente para el potencial transformador de estas licencias).

A: VENTAJAS

Al acortar la distancia entre los regímenes de licencias copyleft estándar y copyleft no comercial, el modelo copyfarleft permite determinadas explotaciones comerciales de los trabajos que puedan ayudar a sustentar a los creadores y a fomentar un «ecosistema» descentralizado de productores autoorganizados y apoyados en el procomún que poseen sus propios medios de producción. Al mismo tiempo, el modelo copyfarleft descarta que cualquier entidad comercial que opere en base a la explotación del trabajo asalariado pueda aprovecharse. Además, el modelo no discrimina la actividad comercial per se: al igual que en gran parte del ámbito del software libre, se considera el comercio como un elemento importante para la viabilidad a largo plazo de la producción basada en el desarrollo común. Lo que discrimina es la explotación del trabajo asalariado por quienes poseen el capital y los medios de producción. De hecho, la concentración de la propiedad está considerada por Kleiner como uno de los pilares de la desigualdad esencial que caracteriza el capitalismo existente: «Allí donde la propiedad es soberana, los dueños de propiedades escasas pueden llegar a negar la vida denegando el acceso a la propiedad. Incluso permitiendo la vida, convierten a los trabajadores en esclavos sin remuneración más allá de sus propios costes de reproducción».

Este modelo (nos) parece una alternativa interesante al punto muerto en el que se suelen estancar los debates sobre licencias comerciales frente a no comerciales. Además, amplía las oportunidades para que los trabajadores subsistan gracias a la autoorganización, con una menor dependencia del trabajo asalariado en entidades corporativas y, por lo tanto, una reducción de la capacidad de estas corporaciones para comisionar y/o influenciar la producción basada en el procomún 3. Aun así, el modelo de licencia copyfarleft no está exento de inconvenientes, algunos de los cuales se analizan a continuación.

B: INCONVENIENTES

Esta sección explora la conexión entre la (des)mercantilización y las licencias copyfarleft analizando algunas de las críticas a las que han estado sujetas, tales como: el riesgo de dificultar realmente el procomún a causa de la exclusión discrecional de entidades corporativas (Rhodes, Bauwens); el hecho de que exitosos proyectos ya existentes basados en el patrimonio común no presenten este tipo de criterios de exclusión (Toner); y finalmente el enfoque excesivo en la propiedad en vez de en las estructuras de producción (Meretz).

  1. RHODES, BAUWENS

Stan Rhodes, fundador del Peer Trust Network Project 4, ofrece dos críticas principales a la licencia copyfarleft 5. La primera, como un incumplimiento de sus principios: el copyfarleft excluye el uso de bienes inherentemente no rivales por parte de negocios particulares, y eso va en contra de un bien público más extenso, sin tener en cuenta las intenciones que subyacen a la exclusión. De acuerdo con Rhodes, esto es comparable al copyleft, que busca restaurar y mantener la no rivalidad para todos los trabajos creativos. Es decir, la cláusula copyleft está ahí para garantizar que todo aquello derivado del patrimonio común sea y permanezca libre para que cualquiera pueda usarlo y reutilizarlo. Su segunda crítica al copyfarleft concierne a su adopción práctica: los obstáculos para acceder al copyleft son pocos para todos los usos y usuarios del bien, mientras que los obstáculos para acceder al copyfarleft son pocos para unos y muchos para otros. Esta diferencia generalmente hace preferible al copyleft, en especial por parte de artistas que no descartan la posibilidad de cobrar de un negocio en el futuro. Mientras que el copyleft garantiza el acceso libre a la obra y a todos los derivados sin importar su uso, el copyfarleft no lo hace. Por lo tanto, sin considerar cualquier principio político, parecería una apuesta más segura. Rhodes extiende las dos dificultades del copyfarleft a cualquier régimen que busque excluir a una entidad de usar bienes no rivales, sin importar las razones detrás de la exclusión 6. Michel Bauwens, fundador de la Foundation for P2P Alternatives 7, secunda estas preocupaciones. Además, la crítica de Bauwens a la posición de Kleiner es paradójica: aunque que no está de acuerdo con la perspectiva radical anticapitalista del régimen de licencias de Kleiner y cree que las premisas y los análisis sobre los que se basa son erróneos, Bauwens apoya la propia Peer Production License, afirmando que el modelo copyfarleft es una herramienta plausible para avanzar en la producción entre iguales basada en el procomún como un nuevo modo de producción (Bauwens, 2012).

  1. TONER

Aunque aprecia el espíritu del cambio de una cláusula «no comercial» a una de «no alienación», Alan Toner (2007), investigador en propiedad intelectual y comunicación, manifestó serias dudas sobre la viabilidad práctica de esta cláusula. Si ya resulta complicado evaluar el carácter comercial o no comercial de una explotación particular, es aún más difícil determinar objetivamente que una persona o institución sea culpable de explotar trabajo asalariado. Además, Toner considera que el enfoque de Kleiner prioriza la articulación de un proyecto ideológico sobre la construcción de las herramientas para llevarlo a la práctica. Mientras concede que ambos son aspectos importantes (y mutuamente constitutivos) de las luchas políticas sobre acceso al conocimiento, también apunta que algunas de las iniciativas copyleft con más éxito (GNU/Linux, Wikipedia, etc) hicieron el camino opuesto. Han priorizado la creación de «recursos económicos que funcionen para sus usuarios» mientras que «limitan la dimensión política a lo realmente pertinente para ese ámbito de actividad» (Toner, 2007). Por esta razón y a pesar de su atractivo inicial, Toner cree que el movimiento copyfarleft puede que no movilice a una cantidad suficiente de gente como para ser realmente efectivo.

  1. MERETZ

El alemán Stefan Meretz, defensor del procomún asociado al grupo Oekonux 8, ha escrito una crítica razonada al enfoque de Kleiner que merece ser tenida en consideración (Meretz, 2008). Constituye una interesante contrapartida a las críticas de Rhodes y Toner ya que proviene casi del lado opuesto del espectro del debate. Kleiner (2010) considera que la propiedad –como en la propiedad privada– es un robo porque los dueños de la propiedad pueden extraer rentas de las obras de trabajadores sin propiedad. Afirma que solo los trabajadores deberían obtener rentas aplicando su propio trabajo para el beneficio de su comunidad. El fruto puede ser utilizado por otros trabajadores que formen parte de la construcción del mismo procomún pero no por dueños de propiedad que exploten el trabajo asalariado. De este modo Kleiner critica el enfoque copyleft basándose en que no se interesa por la «propiedad» sino solo por regular el «uso» de la propiedad. El copyfarleft trata de ir un paso más allá alentando un cambio en la estructura de propiedad. Esto se consigue distinguiendo entre una economía basada en el procomún (más precisamente, una economía cimentada en una propiedad colectiva, a la que se permite explotar económicamente los bienes comunes) y una basada en el trabajo asalariado (a la que se excluye de hacerlo).

Stefan Meretz critica el modelo copyleft radical propuesto por Kleiner afirmando que es simplista y, en general, incorrecto. Según argumenta Meretz, se basa en categorías de David Ricardo reemplazadas por los análisis de Marx. La principal crítica que hace Meretz a Kleiner es por centrarse demasiado en los aspectos de propiedad (particularmente de los medios de producción) y circulación, mientras que considera la producción en sí misma como una esfera neutral. De hecho, su crítica de la propiedad como «robo» se refiere únicamente a la «renta» 9 extraída por las compañías comerciales al explotar el trabajo asalariado, pero no a la venta de los productos en el mercado. Para Meretz, la reapropiación de los medios de producción es, por supuesto, un paso necesario para promover una distribución más equitativa de riqueza. Además, solo tendría un éxito transformador para la sociedad en la medida en que también suponga un cambio en el modo de producción, yendo más allá de la lógica de explotación e intercambio. Sin esta transformación adicional, los colectivos de trabajadores propietarios tienden a sucumbir a presiones externas y terminan comportándose de modo similar a las compañías basadas en el trabajo asalariado. 10

Por último, una limitación adicional identificada en el modelo copyfarleft. Es cierto que intenta abordar la desigualdad de poder entre entidades corporativas y otras entidades propiedad de los trabajadores (fomentando la autoorganización entre este último colectivo). Sin embargo no afronta otro tema importante: el hecho de que muchas de esas entidades corporativas que utilizan obras del procomún pueden no estar retornando contribuciones al procomún, aun siendo capaces de hacerlo. Este es un aspecto importante para el abastecimiento y sostenibilidad a largo plazo del hacer común, que intentamos tratar más específicamente en nuestra propuesta para ampliar y mejorar el modelo copyfarleft elaborado por Dmytri Kleiner.

II: Enfoque alternativo/complementario: Licencia Commons Reciprocity

Esta sección propone una tentativa de modelo de licencia basada en el procomún que restringe el uso comercial de acuerdo con cuánto ha contribuido el usuario al escenario común.

Ofrecemos el boceto de una nueva licencia –Commons Reciprocity– como alternativa, o quizás como enfoque complementario a la licencia Peer Production (producción entre iguales) de Kleiner. Por una parte, se podría considerar como un enfoque alternativo, por el hecho de abordar un aspecto diferente de la cuestión: en vez de excluir a todos los actores que no forman parte del procomún, aspira a proporcionar medios para generar reciprocidad al dirigir también la producción hacia la esfera de lo común. Por otra parte, se podría tratar como complementaria puesto que su «cláusula de reciprocidad» es susceptible de utilizarse como una variación de la licencia de Kleiner, por ejemplo, combinándola con una restricción a usuarios basados en el trabajo asalariado.

La licencia que aquí bosquejamos aspira a conseguir un objetivo similar a la licencia Peer Production de Kleiner –es decir, evitar que entidades corporativas se beneficien injustamente del patrimonio común– sin excluirlas aposta de la oportunidad de usarlo y reusarlo libremente, con propósitos tanto comerciales como no comerciales, siempre y cuando también contribuyan con retornos a este patrimonio común. Fundamentalmente, la licencia Commons Reciprocity puede considerarse una adaptación de la licencia Creative Commons CC-BY-NC-SA, incluyendo, sin embargo, una cláusula adicional: la cláusula de «reciprocidad». Su objetivo es excluir la explotación comercial del procomún por gente que no contribuye en absoluto a ello. La cláusula de «reciprocidad» implica, por lo tanto, una condición de acuerdo a través de la cual solo quienes contribuyan al patrimonio común están autorizados a explotarlo comercialmente. Esto, solo hasta un grado similar o equivalente (pueden tomar solamente tanto como hayan dado al patrimonio común). Es decir, las obras emitidas bajo esta licencia permanecerían disponibles libremente para un uso no comercial, mientras que su explotación comercial solo se permitiría a aquellos que (ya) han contribuido al patrimonio común y solo en proporción a su contribución. Si esta condición no se diera, aplican las disposiciones estándar de copyright: la explotación comercial solo se puede realizar de manera legítima con autorización previa de los pertinentes dueños de los derechos y está sujeta al pago de los correspondientes derechos de licencia (si los hubiera).

Hay que señalar, sin embargo, que determinar la cantidad de contribuciones hechas al patrimonio común sería una tarea desafiante. Sugerimos un posible modo de resolver el problema mediante la introducción de algún tipo de «moneda entre pares»: un sistema de monedas simbólicas que determine aproximadamente en cuánto ha contribuido cada usuario al procomún. Los usos comerciales se podrían realizar tanto «gastando» estas monedas como pasándoselas al creador del recurso utilizado comercialmente. La ventaja de la primera opción es que la moneda entre pares –una vez usada– no existiría más (evitando de este modo el riesgo de efecto rebaño, especulación, etc.). En la segunda opción, en cambio, la moneda entre pares se transferiría al creador, permitiendo de este modo una forma de reconocimiento o «beneficio compartido». Puesto que aún no estamos seguros de cuál de las opciones sería mejor para este tipo de licencia, sugerimos ambas posibilidades para una discusión en profundidad.

A: VENTAJAS

La idea es evitar un cisma completo entre el procomún y actores que basan su actividad en trabajo asalariado (a través de un sistema de pseudomoneda que les permita hacer uso del fondo común sin la incertidumbre y los costes discrecionales de una negociación individual de licencia). Mientras tanto, se lucha por conseguir una relación más equitativa entre ambas partes (requiriendo a dichos actores particulares su contribución al patrimonio común en retorno por los usos disfrutados).

A través de este modelo se puede mejorar la igualdad sin excluir a las entidades corporativas de la posibilidad de contribuir al procomún por otros medios que no sean el dinero. Mientras, se permite a usuarios desfavorecidos y sin ánimos comerciales beneficiarse de los bienes comunes sin importar su capacidad inicial de contribuir. A este respecto, la cláusula «No Comercial» es importante puesto que sin ella el modelo no sería muy diferente de un colectivo copyright (tales como ASCAP, SACEM) usando una moneda interna entre pares alternativa al dinero real.

Este enfoque es, en general, consistente con los principios subyacentes de la «economía del regalo» que caracteriza muchas iniciativas de «producción social» o la «producción entre iguales basada en el procomún» (Benkler, 2002, 2006). Permite a los autores contribuir al patrimonio común bajo una cierta expectativa de reciprocidad, al mismo tiempo que proporciona un medio para evitar que los actores comerciales que no contribuyen se aprovechen de ello.

Es interesante apuntar que la «cláusula de reciprocidad» en realidad presenta una expectativa de «reciprocidad por adelantado» –en oposición al concepto más tradicional de «reciprocidad diferida»– porque cada entidad debe contribuir de antemano para obtener «fichas» y por lo tanto hacer uso comercial del patrimonio común. De hecho, a diferencia de la cláusula copyleft, que presenta una obligación de contribuir posteriormente a lo común, un sistema basado en una «moneda entre pares» constituye esencialmente una protección por adelantado contra los oportunistas. Por otra parte, la reciprocidad permanece diferida desde la perspectiva de los usuarios sin ánimos comerciales. Cuando contribuyen al patrimonio común saben que grandes corporaciones como Google o Facebook solo podrán aprovechar su trabajo hasta el mismo grado en que estos contribuyan con retornos al procomún, ya sea produciendo y contribuyendo para obtener créditos o pagando los correspondientes derechos de licencia.

Por último, al crear un «espacio alternativo de intercambio» dentro del procomún, este enfoque tiene la ventaja de reducir la dependencia de los esquemas basados en el mercado y podría contribuir potencialmente a la desmercantilización de los bienes culturales. De hecho, según deja de ser necesario que vendamos nuestro trabajo para adquirir bienes culturales, podemos decidir más libremente si entrar o no en el sistema de mercado.

B: INCONVENIENTES

Este modelo de licencia que aquí bosquejamos no está exento de problemas potenciales. Uno importante consiste en la determinación de la «tasa de cambio» entre diferentes tipos de obras. Es decir, ¿cómo podemos medir las contribuciones individuales (de diferentes ámbitos) en términos de monedas? ¿Cuántas fichas se deberían otorgar al usuario que contribuye con una imagen, un vídeo o un relato corto al patrimonio común? ¿Deberían premiarse con menos monedas las obras derivadas o las mejoras? ¿Debería el sistema intentar abordar cualquier medida de calidad o mérito artístico en estas obras? Y en tal caso, ¿quién sería responsable de esta evaluación?

Mientras que estas cuestiones implican consideraciones complejas y serias, creemos que cierto nivel de arbitrariedad en la evaluación inicial no supondría un impedimento definitivo para que este sistema se llevase a cabo. La comunidad podría refinar gradualmente las directrices para la asignación de monedas y así establecer un grado razonable de equidad e imparcialidad en el sistema. Se evitaría el efecto rebaño y la especulación con el sistema de monedas propuesto. Finalmente los incentivos para «hacer trampas», por ejemplo mediante contribuciones frívolas al patrimonio común como estrategia para permitir la explotación comercial de sus obras, serían reducidos.

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III: Conclusiones: hacia una economía de lo común

El análisis en profundidad de Yochai Benkler sobre la producción entre iguales basada en el procomún ha mostrado que es posible llevar a cabo grandes proyectos con éxito gracias a la contribución de una comunidad extensa de gente que participa voluntariamente, sin motivos comerciales explícitos, y que se coordina libremente sin depender de las formas tradicionales de organización jerárquica (Benkler, 2006). Esto se asemeja a la descripción de Michel Bauwens de una economía entre pares (Peer-to-Peer) sustentada en procesos de base y agentes distribuidos que se comprometen de manera libre con tareas o actividades orientadas al bien común, sin coerción ni confrontación externa (Bauwens, 2005a, 2005b).

Habiéndose originado en primer lugar en el mundo del software con el nacimiento del movimiento Free/Libre Open Source Software (De Laat, 2005), y posteriormente ampliado al ámbito artístico e intelectual con la aparición del movimiento Free Culture / Open Content (Goss, 2007), el enfoque copyleft frente a las licencias copyright estimuló el establecimiento de un grupo creciente de recursos estructurados como bienes comunes. Esto promovió, y en buena medida apoyó, el desarrollo de un modo alternativo de producción socio-económica orientado a la cooperación, colaboración y participación para el bien común, en vez de para la acumulación de capital y la maximización de beneficios (Stallman, 1998).

Aprovechando los principios subyacentes del copyleft –cuyo objetivo final puede interpretarse como una forma de prevenir la mercantilización de lo común–, el enfoque copyfarleft constituye un intento de dar más poder a la comunidad estimulando el cambio desde una economía meramente basada en el mercado (gobernada por entidades corporativas) a una economía basada en el bien común (dependiente de la autoorganización de los trabajadores y las normas de la comunidad).

Aunque la licencia Peer Production de Kleiner presenta importantes ventajas en cuanto a apoyar a los actores de una economía basada en el bien común, junto con la reducción de oportunidades de aprovechamiento y cooptación por parte de entidades comerciales, conlleva el importante inconveniente de excluir a las entidades corporativas de la oportunidad de contribuir al patrimonio común de un modo más directo, que no se limite a pagar los derechos de licencia.

La licencia Commons Reciprocity esbozada en este artículo busca conseguir resultados similares al diseño de licencia de Kleiner. Sin embargo, enfoca el problema de un modo menos drástico: no excluye arbitrariamente a las entidades comerciales de acuerdo con su modelo de producción (ej.: trabajo asalariado frente al modelo cooperativo) sino dependiendo de si ya han contribuido o no con recursos al procomún 11. Puede ser visto como un enfoque de transición con el objetivo de proteger al patrimonio común de la mercantilización sin aislarlo de las estructuras y los servicios de producción existentes. Así, hasta el punto de que el patrimonio común asuma un papel tan importante en la sociedad que el esquema copyfarleft propuesto por Dmytri Kleiner sea efectivamente capaz de conseguir la masa crítica de usuarios necesaria para tener éxito en superar el modelo de producción capitalista. 

Agradecimientos

  • Los autores agradecen a Stan Rhodes, Alan Toner, Dmytri Kleiner y Stefan Mertez sus comentarios en determinadas secciones de este artículo.
  • Miguel Said Vieira, Facultad de Educación, Universidad de Sao Paulo; [email protected], http://impropriedades.wordpress.com; recibe una beca de doctorado de Capes
  • Primavera De Filippi, Centre d’Études et de Recherche en Sciences Administratives et Politiques, CERSA/CNRS, [email protected]

Bibliografía

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  • Bauwens, M. (2005b). P2P and Human Evolution: Peer to peer as the premise of a new mode of civilization. Ensaio, rascunho, 1.
  • Bauwens, M. (2012). From the theory of Peer Production to the production of Peer Production theory, en Journal of Peer Production, número 1, julio de 2012.
  • Benkler, Y. (2002). “Coase’s Penguin, or, Linux and The Nature of the Firm”.Yale Law Journal, 369-446.
  • Benkler, Y. (2006). The wealth of networks: How social production transforms markets and freedom. Yale University Press.
  • De Laat, P. B. (2005). Copyright or copyleft?: An analysis of property regimes for software development. Research Policy, 34(10), 1511-1532.
  • Downes, S., 2009. The Role of Open Educational Resources in Personal Learning. Open Educational Resources: Innovation, Research and Practice, p. 207.
  • Goss, A. K. (2007). Codifying a Commons: Copyright, Copyleft, and the Creative Commons Project. Chi.-Kent L. Rev., 82, 963.
  • Hill, B.M., 2005. Freedom’s Standard Advanced? Mute, 2(1), pp. 46–53. También disponible en <http://www.metamute.org/editorial/articles/freedoms-standard-advanced>
  • Kleiner, D. (2007). Copyfarleft and Copyjustright. Disponible en <http://www.metamute.org/editorial/articles/copyfarleft-and-copyjustright>
  • Kleiner, D. (2010). The telekommunist manifesto. Institute of Network Cultures
  • Lemos, R., 2010. Legal Commons and Social Commons: Creativity and Innovation in the Global Peripheries. In D. Bourcier et al., eds. Intelligent Multimedia. Series in Legal Information and Communication Technologies. Florence: European Press Academic Publishing, p. 175. Disponible en: http://www.academia.edu/download/30324155/ccibook_printedversion_intelligentmultimedia1.pdf [Acceso el 21 de julio de 2013].
  • Meretz, S. (2008). Copyfarleft & a critique. Disponible en <http://www.metamute.org/editorial/articles/copyfarleft-critique>
  • Netpop Research, 2009. Defining “Noncommercial”: A Study of How the Online Population Understands “Noncommercial Use.” Disponible en: http://wiki.creativecommons.org/Defining_Noncommercial.
  • UNESCO OER Community & Downes, S., 2011. El debate OER completo disponible en: http://openaccess.uoc.edu/webapps/o2/handle/10609/7301 [Acceso el 24 de julio de 2013].
  • Stallman, R. (1998). Copyleft: pragmatic idealism.
  • Toner, A. (2007). “Copyfarleft: An Anarchist Gema?”. Disponible en <http://knowfuture.wordpress.com/2007/11/22/copyfarleft-an-anarchist-gema/>. 

Notas

1. [En 2007, Kleiner describió el modelo copyfarleft, pero no lo materializó en una licencia específica. Solo ocurrió en 2010 con la licencia Peer Production: un derivado de la licencia Creative Commons BY-NC-SA que redefine levemente sus libertades como se explica en este párrafo.]

2. [La razón para esta distinción es que «el arte no es, en la mayoría de los casos, una entrada común a la producción como lo es el software» (Kleiner, 2007); no tiene un valor intrínseco de uso para la producción (a diferencia del software), y su valor comercial existe principalmente en la posibilidad de venderlo. De modo que mientras que los usuarios corporativos de software de licencia libre generalmente apoyarán su producción (puesto que dicho software es útil para sus negocios), este no es generalmente el caso del arte.]

3. [Si los trabajadores que contribuyen a proyectos del procomún dependen del trabajo asalariado pagado por una corporación, esta corporación dispone de un poder palpable sobre el modo en que se desarrollan dichos proyectos. Si estos trabajadores están autoorganizados, el poder discrecional de estas entidades corporativas necesariamente disminuirá.]

4. [El Peer Trust Network Project es un proyecto de Stan Rhodes dirigido hacia la creación un marco teórico para la construcción y conservación de «Bienes comunes establecidos» y «Economías contributivas» (“Utilicontributist economies”, en el original) beneficiosas y equitativas. Para más detalles, ver http://p2pfoundation.net/Peer_Trust_Network_Project]

5. [Más información acerca de la crítica de Stan Rhodes al modelo copyfarleft y su argumento de que podría llevar eventualmente a procomunes restringidos en http://p2pfoundation.net/Copyfarleft]

6. [Tal como en el modelo copyleft, el copyfarleft crea una estructura inclusiva basada en una perspectiva particular sobre la gestión del patrimonio común que todo el mundo debe acatar para ser autorizado a recoger sus beneficios. Además, mientras que los requisitos del copyleft para optar son mínimos, los requisitos del copyfarleft son mucho más fuertes, tanto es así que incluirían un cambio en la estructura de producción al completo.]

7. [P2P Foundation: La Foundation for Peer to Peer Alternatives es una organización con el objetivo de estudiar el impacto que la tecnología y el pensamiento entre iguales tiene en la sociedad. Para más información, consultar http://p2pfoundation.net]

8. [El proyecto Oekonux se fundó para investigar las posibilidades del software libre para cambiar en esencia las actuales estructuras políticas y económicas. Oekonux considera que la forma de producción del software libre representa un nuevo modelo con el potencial de sustituir el modo de producción capitalista. Para más información, consultar http://oekonux.org]

9. [Meretz señala que el uso de la palabra «renta» en el argumento de Kleiner es conceptualmente incorrecto, y que a lo que realmente se refiere es a plusvalía.]

10. [El debate entre Kleiner y Meretz continuó en el hilo de una lista de correo. La respuesta de Kleiner, que es el primer mensaje del hilo, está disponible en http://www.oekonux.org/list-en/archive/msg04129.html]

11. [Aunque, como se ha mencionado anteriormente, ambas cláusulas –la basada en la reciprocidad sugerida aquí y la de copyfarleft que excluye a las empresas basadas en el trabajo asalariado– podrían combinarse, en este caso solo las empresas de trabajo asalariado necesitarían tener monedas para llevar a cabo usos comerciales.]


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Producido por Guerrilla Translation bajo una Licencia de Producción de Pares
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Imagenes de tausend und eins

Artículo original  publicado en The Journal of Peer Production

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