Prosperidad sin ánimo de lucro

candy2Donnie Maclurcan y Jennifer Hinton

El capitalismo con fines de lucro ha creado desigualdad económica y social; empresas sin ánimo de lucro exitosas como Mozilla y The Big Issue señalan un camino alternativo.

Traducido y subtitulado por Georgina Reparado, editado por Susa Oñate y Arianne Sved.

La estructura empresarial que subyace en nuestra sociedad consumista es lo que en realidad genera las condiciones de lo no-sostenible. Donnie Maclurcan explica cómo trasladar lo sustentable del diseño a las estructuras organizacionales y recupera la figura de la empresa sin ánimo de lucro como posibilidad habilitadora del post-crecimiento.

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Más allá del capitalismo: los valores de la empresa sin ánimo de lucro motivan el comportamiento sostenible

En el núcleo del fallido sistema capitalista está la ética “con ánimo de lucro”. Basada en el mito de que los seres humanos son esencialmente egoístas y competitivos, la ética del lucro establece que la mejor manera de incentivar la innovación y facilitar la actividad económica es apelar al interés individual de las personas.

Esto se manifiesta en el modelo de empresa con ánimo de lucro, central para la economía actual, en la que los dueños e inversores se involucran en los negocios esperando una porción de las ganancias de la compañía en forma de dividendos, opciones o acciones. En esencia, el capitalismo garantiza que vivamos en un mundo lucrativo.

Sin embargo, esta ética del lucro y esta forma de hacer negocios ha provocado una desigualdad socioeconómica increíble en la que la ganancia de capital y los dividendos de las compañías son los principales causantes de la brecha de ingresos. ¿Qué otra cosa cabía esperar cuando el beneficio privado está considerado como el motor de la actividad económica y la maximización de los beneficios es la prioridad de la mayoría de las grandes empresas?

Además, la estratificación social resultante de la inequidad financiera global está ligada a la devastación ecológica, lo que nos lleva a paso constante hacia el colapso total del sistema en los próximos 50 años.

“Tampoco puede venir al rescate el potencial innovador del capitalismo. Los niveles de innovación requeridos para evitar el colapso no solo son muy poco realistas en un sistema basado en el crecimiento, sino que es la ética del lucro la que genera precisamente los problemas que hoy afrontamos.”

La sugerencia más común como alternativa a esta disfunción es una mayor regulación del mercado. Aunque la importancia de las medidas de regulación es clave a la hora de responder a desafíos sociales y ecológicos, su utilidad es limitada en tanto que un estado fuertemente regulado disgrega políticamente, desempodera a los ciudadanos y puede sofocar la innovación real. Además, debido a la tan extendida connivencia de la clase política con las grandes empresas, las reformas reguladoras son a menudo una mera fachada para seguir como siempre.

Otros preconizan el “capitalismo consciente”, y creen que vías como la acreditación B Corp y el “valor compartido” son las mejores maneras de alcanzarlo. Pero a pesar de que estas vías centran la atención en cuestiones de sostenibilidad importantes, tales enfoques no logran abordar el problema de fondo.

Aunque las nuevas formas de empresas con ánimo de lucro busquen equilibrar el planeta y las personas con ganancias, siguen tratando el lucro como un fin en sí mismo más que como un medio para un fin, fomentando la avaricia destructiva inherente a un sistema que se basa en la privatización de las ganancias.

Tampoco puede venir al rescate el potencial innovador del capitalismo. Los niveles de innovación requeridos para evitar el colapso no solo son muy poco realistas en un sistema basado en el crecimiento, sino que es la ética del lucro la que genera precisamente los problemas que hoy afrontamos.

Entonces, ¿cuál podría ser la alternativa? Afortunadamente, el relato dominante sobre la naturaleza humana está cambiando. Un número creciente de investigaciones demuestra que, bajo las condiciones apropiadas, la naturaleza humana tiene una tendencia hacia la cooperación . Hoy somos testigos del nacimiento de una fuerza de trabajo motivada cada vez más por objetivos, y nos damos cuenta del potencial de una estructura empresarial existente, denominada entidad sin ánimo de lucro, que promueve los aspectos más nobles de la naturaleza humana.

Existe una corriente creciente de empresas en todo el mundo que tienen planes de negocio, generan ganancias y pagan buenos salarios, y sin embargo están constituidas legalmente como “sin ánimo de lucro”. Son una respuesta osada al malentendido común agravado por la utilización indistinta de las palabras “sin ánimo de lucro” y “benéfico”, que asume que las entidades sin ánimo de lucro no pueden ser empresas exitosas.

En el Reino Unido, algunos ejemplos de empresas sin ánimo de lucro prósperas incluyen el proveedor de alojamiento YHA, la firma energética Ebico, la compañía de reciclaje mejorado London Re-use Network, la revista The Big Issue, la panadería Breadshare Bakery y el club automovilístico Cowheels. Alrededor del mundo, existen empresas sin ánimo de lucro reconocidas como Hansalim en Corea del Sur, BRAC en Bangladesh y Mozilla Firefox en los Estados Unidos. Por ley, el 100% de cualquier ganancia que estas empresas generen deben reinvertirse en la empresa o en la comunidad. Por lo tanto, lo que realmente significa sin ánimo de lucro es sin beneficio privado, el fin del incentivo al comportamiento egoísta.

Entonces, ¿cómo sería un mundo en el que todas las empresas fueran sin ánimo de lucro? Un Mundo Sin Ánimo de Lucro seguiría teniendo un mercado pujante. Los gobiernos, los bancos, el dinero, los préstamos y los intereses permanecerían vigentes. Pero dentro de una estructura sin ánimo de lucro, sus efectos serían enormemente diferentes.

Cuando los bancos no pueden privatizar las ganancias, no tienen accionistas, dueños ni socios a los que mantener contentos con dividendos y beneficios privados. No tienen otra razón de ser más que la de brindar servicios financieros de calidad a sus clientes, y tienen poco con lo que distraerse de este objetivo. Están pensados para ser más transparentes y eficientes.

En lugar de malversar los recursos de las personas y las comunidades que obtienen préstamos, todas las ganancias se asignan según la misión social de la entidad sin ánimo de lucro, permitiendo que se genere una riqueza comunitaria real. Ahora imaginen que el sector financiero entero fuera sin ánimo de lucro. Imaginen que lo fuera también todo el sector de venta al por menor, y el sector de la producción.

En la mayoría de los sectores, el costo de poner en marcha una empresa está disminuyendo drásticamente, y las grandes inversiones de capital son cada vez menos necesarias para incentivar la innovación, lo que permite la emergencia de empresas sin ánimo de lucro como la compañía productora de automóviles Wikispeed y el diseñador de plantas de energía solar Zenman Energy. Además, nuevas formas (y algunas no tan nuevas) de captación de capital están disponibles para las entidades sin ánimo de lucro emergentes, entre ellas el crowdfunding, la financiación basada en el rendimiento y los community bonds [bonos comunitarios]. Cuando el mercado existe para satisfacer las necesidades de las personas, disminuyen las exigencias impositivas del gobierno, y los buenos salarios y el trabajo significativo se convierten en todo lo que necesitamos para la economía de lo suficiente.

A partir de la modificación de la naturaleza del incentivo y de la propiedad en las empresas, el modelo del mundo sin ánimo de lucro permite a las compañías tomar decisiones realmente sostenibles y promover a su vez una sociedad menos consumista. El mundo sin ánimo de lucro también favorece una economía más equitativa porque la redistribución de la riqueza le es inherente, ya que las empresas están obligadas por ley a reinvertir en lugar de privatizar los beneficios.

Aunque la economía informal sin ánimo de lucro ha mantenido a la civilización en marcha desde tiempos inmemoriales a través de los ciudados y de formas de intercambio no monetarias, la emergencia de una economía sin ánimo de lucro formal está actualmente en pleno desarrollo. Para financiar su trabajo, las instituciones sin ánimo de lucro generan, cada vez en mayor medida, sus propios ingresos a diferencia de la estrategia tradicional, en la que se depende de los subsidios y de la filantropía.

Las ventajas de establecer negocios sin ánimo de lucro se están haciendo cada vez más visibles para los emprendedores gracias a estructuras como la Community Interest Company [compañía de interés comunitario] limitada por garantía en el Reino Unido. También hay un interés renovado por las exitosas estructuras de negocios tradicionales que existen comúnmente como “sin ánimo de lucro”, tales como las cooperativas de consumidores en los sectores de alimentos, atención sanitaria, seguros, vivienda, servicios públicos y finanzas.

La emergencia de las empresas sin ánimo de lucro está catalizada por las ventajas que poseen estas empresas en el mercado, pues han demostrado ser altamente resistentes a la desregulación y a la recesión. Los negocios sin ánimo de lucro no tienen que pagar dividendos, y generalmente pueden ofrecer precios más bajos, principalmente porque no buscan el lucro.

Pueden obtener exenciones tributarias y tienen la capacidad de recibir donaciones deducibles de impuestos. Son más propensas a recibir el apoyo de voluntarios apasionados. Y su preferencia por estructuras organizativas más horizontales facilita la productividad y la innovación. Además, en un mundo con una demanda creciente de productos y servicios éticos, las organizaciones que se concentran en satisfacer necesidades humanas y ecológicas llevan la delantera.

Combinadas, las ventajas de las empresas sin ánimo de lucro resultan en una mayor cuota de mercado. El sector sin ánimo de lucro de los Estados Unidos creció a una velocidad considerablemente mayor que el sector lucrativo entre 2001 y 2011, esto a partir de una base de 1.259.764 organizaciones.

Por primera vez en la historia moderna tenemos las estructuras, las capacidades y el ímpetu para evolucionar hacia un mundo sin ánimo de lucro, en el que las mejores energías y los mejores impulsores de buenos negocios estén al servicio de la prosperidad colectiva.

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Imagen principal de Jim

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